Urielo 0.5

Seguro pero cosquilludo

Millones por chismear

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Soy un entusiasta de la tecnología e internet. Mi vocación poco ha tenido que ver con las tripas de estos dos mundos. Soy un hijo del Atari, un consumidor de interfaces, como la mayoría allá afuera.

Por eso, esta evolución colaborativa que conocemos como Web 2.0 me ha fascinado tanto: como nunca antes, puedo tener mi propio medio de comunicación a través de mi blog, donde escribo lo que quiero, al ritmo que se me antoja, y bajo esquemas inaccesibles bajo circunstancias pasadas, incluidos textos, audio, video y la interacción de los lectores.

Con la euforia de esta nueva versión de internet han surgido servicios que, como Twitter, me parecen francamente absurdos, extraños por decirlo de otra manera. El mencionado Twitter es un sistema de publicación instantánea, que sólo acepta 140 caracteres por mensaje. En su definición pura lo clasifican como una red social, pues cada uno de los usuarios del servicio puede agregar a sus amigos que igualmente forman parte de esta comunidad de micro-blogging, al mismo tiempo que se puede hacer de seguidores.

Pero, ¿qué siguen esos seguidores (sic-me)? Sólo lo que cotidianamente hacen los miembros de esta comunidad, por lo que se pueden leer posteos como: “Volviendo a casa después de terminar las compras de la semana” o “La vecina del departamento de enfrente se ha puesto la falda más sexie del mundo”. Cualquier cosa que no rebase los 140 caracteres.

Francamente, Twitter me parece el colmo de lo volátil que pueden ser los contenidos en internet, cada vez más superficiales.

Pero eso no es todo, pues unos días antes de la crisis financiera en Estados Unidos por el hype de los bienes raíces, este servicio ahora tan popular ha recibido $5 millones de dólares de inversión por parte de un fondo de riesgos neoyorkino, especializado en tecnologías de la información e internet.

El dato me hace voltear a revisar las advertencias de algunos expertos, como John C. Dvorak —analista de PC Magazine en Español—, que advierten sobre los riesgos de estar, una vez más, cerca del truene de una nueva burbuja en internet, la Bubble 2.0, ya que muchos millones de dólares fluyen en puntocoms basados en audiencias y redes sociales, no en innovaciones tecnológicas ni en contenido especializado o experto.

La compra de YouTube, MySpace, Facebook, Blogger, hasta hace no mucho sitios independientes, por parte de grandes compañías recuerda aquel movimiento de Time-Warner al adquirir AOL, lo que desencadenaría la primera gran crisis financiera de internet, en 1999.

Mucho dinero en sitios con millones de usuarios. ¿Es ese el modelo de los negocios en la red? ¿Dinero por clicks? Suena a que algo puede estar mal. ¿O de nuevo me equivoco?

Written by Uriel

17/08/2007 a 3:46 am

Publicado en interné

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