Urielo 0.5

Seguro pero cosquilludo

La enseñanza olvidada

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Estamos preparados para atender esta situación y no necesitamos recurrir a la ayuda externa.
Miguel de la Madrid, 19 de septiembre de 1985

Hidalgo se transformó después del terremoto del 19 de septiembre de 1985. Porque, a la par de que la sociedad de la Ciudad de México se limpiaba el polvo de la cara ante la inutilidad y la corrupción del gobierno de Miguel de la Madrid, los menos afectados, los que no tuvieron que movilizarse para localizar a sus familiares o intentar reconstruir su patrimonio, salieron del DF para correr del espanto.
Aproximadamente, 20 mil personas murieron debajo de los escombros, más los incontables heridos, con más de dos mil construcciones que se desplomaron, seis mil edificios dañados, 137 escuelas afectadas, 97 cines y teatros resentidos, 35 mil personas sin viviendas, cien mil trabajadores sin empleo. Los cálculos de la época hablaron que la pérdida de patrimonio podría valuarse en más de cuatro mil millones de dólares.
El terremoto que politizó a los capitalinos terminó por expulsar (tal vez lo correcto es decir “devolver”) a muchos espantadizos que poblaron las partes más alejadas de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México, incluida Pachuca. Cada rincón del fraccionamiento Juan C. Doria es el principal testigo de ese arribo.
Sin embargo, la prevención de los desastres en Hidalgo, como pasa en el resto del país, es una enseñanza olvidada, una prioridad de seguridad estatal que está en segundo plano, y los responsables de esa agenda no se ruborizan al aceptarlo.
Por los caprichos de la naturaleza, el estado está apenas alejado de las fallas geológicas que sacuden comúnmente a la Ciudad de México desde Guerrero o Michoacán. A cambio de ese chance, los meteoros climáticos azotan con mucha fuerza.
Las experiencias no tan lejanas de Tulancingo y Metztitlán, en 1999, están en el olvido. El problema de saturación en la laguna en la segunda localidad está vigente.
Más, el problema de los “encharcamientos” en Pachuca y la irresponsabilidad histórica de aplazar la construcción de un drenaje pluvial hace pensar que ver lanchas alrededor de la Prepa Uno, justo como ocurrió en aquel año, no es tan descabellado.
Y mientras que las obras poco vistosas y muy molestas, como la de construir un drenaje profundo, son dejadas para nunca –con las consecuencias a la infraestructura básica de la ciudad–,el discurso de que no hay dinero empieza a perpetuarse en funcionarios como Salvador Neri, que prefieren ver pasar los días, rogando a Dios que nada ocurra, como dicen las abuelitas. Olvidando las enseñanzas de septiembre de 1985.

Gotas traicioneras

Es difícil entender que alguien tan querido haya muerto. El viernes falleció, en Morelia, Alejandro Avilés, uno de los maestros más estimados por quienes formamos nuestra profesión en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, de la que fue fundador hace 56 años y promotor inagotable.
Durante su dirección, La Septién se independizó de la Acción Católica, grupo civil que alimentó las filas del PAN durante muchos años, y se convirtió en una institución plural, donde las ideologías sólo son materia de clase. Por sus versos y sus enseñanzas, dentro y fuera de las aulas, vaya un último abrazo fraternal, con olor a Delicados sin filtro.

uriel.rodriguez@hgo.milenio.com

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Written by Uriel

19/09/2005 a 12:20 am

Publicado en Tinta china

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