Urielo 0.5

Seguro pero cosquilludo

Los aviadores

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Señores legisladores, no es por ser cuchillito de palo, pero ya urge la Ley de Transparencia. De veras. Imagínense que, un buen día, un periódico como el que tienen entre sus manos en este momento se encuentra con un paquete de cheques que, generoso como lo son todos los gobernantes con sus amigos, prueban que funcionarios del tricolor cobran un apoyo en alguna dependencia de la administración estatal. Sólo es una posibilidad, eh, no crean que ocurre.
En apego a nuestra obligación como comunicadores, correríamos a nuestra computadora e ingresaríamos a la página en internet del deseado Instituto Estatal de Acceso a la Información para solicitarle que nos explique cómo es que un líder de partido recibe casi dos mil pesos quincenales para que la pesada cuesta de enero –y el resto del año– no sea tan pesada.
Ya Miguel Osorio se los dijo a un grupo de empresarios el 1 de julio: habrá ley de transparencia e instituto de acceso a la información, así que no le hagan más al cuento que ya tenemos muchas preguntas por hacer a espléndidos hangares convertidos en institutos, como el de la Juventud y el Deporte, donde se puede cobrar sin trabajar.
Y hay tantas versiones de que lo ocurrido en una institución se repite por mil en muchas otras, generando una marejada de cinismo e hipocresía oficial, esa que por un lado habla de transparencia y por el otro le regala dinero a sus cuates, con cargo en el erario.
El papel de los diputados locales es fundamental ante el reclamo social por apertura y transparencia. De su desempeño surgirá un nuevo estado, quizás más dispuesto a la rendición de cuentas, aunque en el corto plazo deban sacrificar sus posiciones políticas.
Si no lo hacen, si de su trabajo sólo brotan leyes inútiles, solaces bodrios de la complicidad casi delictiva con el otro poder, se verá el tamañito de sus capacidades.
Demostrarán que están hechos sólo para levantar la mano, un ejercicio tan cuestionable como el de aquel que vende su dignidad por unas monedas.
Por supuesto, su representación ciudadana quedará lapidada y cuestionada por quienes se esfuerzan por no olvidar tan rápido. Si su vocación como servidores sólo incluye aprovechar el momento para beneficio personal, felicitaciones, han cumplido su misión. Duerman tranquilos.

En bitácora

Alfredo Sánchez (comentarios@olganza.com.mx) comenta:
Pero qué bárbaros los de la SEPH. Qué forma de jugar con un “don” que nos refutan “inmerecidamente” en el mundo: ¡Qué tranza son los mexicanos! Mi intención no es desacreditar a nuestras autoridades y mucho menos a mis paisanos, sin embargo, si son tan “duchos” los de la SEPH con actos como el del record de Guinness de ajedrez, entonces, ¿cómo romperían la marca del japonés Akira Haraguchi, de 59 años, que estableció el sábado 2 de julio al recitar de memoria 83 mil 431 dígitos del número Pi (3.1416…)? Un nuevo récord mundial que, de paso, dobla la anterior plusmarca. Si de algo estoy seguro es de lo frágil que la hazaña del japonés representa una vez que llegue el reto a la SEPH. Con toda seguridad pondrán a recitar 83 mil 431 personas más uno para mostrar su excelencia. Sin olvidar a los jueces que acrediten dicho récord, que de ser necesario, formarían parte del contingente. Saludos.

uriel.rodriguez@hgo.milenio.com

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Written by Uriel

11/07/2005 a 2:35 am

Publicado en Tinta china

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