Urielo 0.5

Seguro pero cosquilludo

Votar por nadie

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Idiota: Del griego idiotés, utilizado para referirse a quien no se metía en política, preocupado tan sólo en lo suyo, incapaz de ofrecer nada a los demás.
Fernando Savater

Jamás podría respaldar una revuelta anarquista. Ni siquiera ese pensamiento me atrajo durante mi época de rojillo universitario. Uno de mis compañeros, hoy colaborador de la mejor revista de lírica en México, Pro-Ópera, hacia extrañas combinaciones ideológicas mezclando a Nietzsche, Jung y Habermas (en ese orden), con el fondo de Richard Wagner y los highlights de El anillo del nibelungo.

Pero una lectura a la obra Ensayo sobre la lucidez, de José Saramago, ha cambiado la manera cómo veo la supuesta obligación cívica de acudir un domingo cualquiera y, después de rallar una papeleta, “elegir” a mis representantes políticos.

Ensayo… plantea un debate sobre el funcionamiento de la democracia que padecemos, y destaca el poder de maniobra que aún reside en los ciudadanos, al votar en blanco, para manifestar su descontento con los políticos. Algo como lo que sucede con el abstencionismo.

Saramago cuestiona (y algunos lo seguimos): ¿Por qué votamos a una u otra opción política, cuando la mayoría de las veces ninguna atiende verdaderamente a nuestras necesidades sociales y económicas?

Imaginemos que en Hidalgo existiera la posibilidad legal del voto en blanco. ¿Se debería contemplar la posibilidad de tener escaños vacíos en el parlamento para representar a los electores en blancos?

Más allá de especulaciones, la sociedad organizada podría recuperar la idea de Saramago para presionar a nuestros gobernantes y forzar una actitud más moral a quienes detentan el control del Estado.

Es un hecho, como lo deja ver Saramago en su libro, que la democracia que ejercitamos, como la que se “fortalecerá” el domingo en Hidalgo, está fracturada por los poderes económicos que compran candidatos y partidos políticos para mantener un sistema y leyes que favorecen más los intereses económicos que los sociales.

Por eso el escritor portugués no cree en las supuestas virtudes de la alternancia en el poder. “El poder real está en otro lado. Fundamentalmente, en el poder económico, que, como todos sabemos, no es democrático”, ha dicho el autor.

Votar en blanco debería ser una opción más que tendríamos los ciudadanos, tan libre y soberana como sufragar por un partido determinado.

El elector que vota en blanco es sencillamente alguien que no está satisfecho con el funcionamiento de la democracia y escoge esa manera de expresarlo. No se trata de descomponer el orden social ni atacar al bendito establishment que se suelen consentir.

En el fondo se trata de confirmar que cualquier ciudadano puede elegir libremente, aunque indirectamente se enfrente a quienes manejan los pivotes del poder.

Gotas traicioneras

La teoría se confirma una y otra vez: los políticos sólo sirven para manipular, siempre a favor de sus intereses de poder y de dinero. ¿O cómo se puede interpretar que, justo a cuatro días de las elecciones, las mejoras al bulevar Felipe Ángeles se aceleraron? Alberto Meléndez, como se ve en dos espectaculares a la entrada de Pachuca, acompaña muy de cerca a su candidato a gobernador. Un caso más de cinismo y, para no variar, de total amoralidad de un “servidor público”.

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Written by Uriel

18/02/2005 a 3:01 am

Publicado en Tinta china

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