Urielo 0.5

Seguro pero cosquilludo

De oficios e inocentadas

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Columnas como el “Oficio subterráneo” del miércoles siempre me han causado ternura. Como editor de este matutito, Paul Lara se enfrenta, día a día, con las deficiencias de formación de un equipo de reporteros que, sin lugar a dudas, es el mejor de Hidalgo. Pero asegurar que el periodismo es el culpable de que alguien escriba algo como “gran parte de la educación depende de la salud de los alumnos, por lo que el alumno debe estar saludable” es una inocentada.

Más, pensar en la lengua como un paquete de reglas y modismos regionales inmóviles, que sólo se comprende con el estudio minucioso del español, es como querer que todos los autos fueran cuatro puertas.

Contrario a esa suposición de Paul, la forma como nos comunicamos con nuestros vecinos de colonia, ciudad, país incluso continente, se enriquece con nuestra experiencia, con nuestra forma de vivir y percibir el mundo.

Paul no dice “ratón” para referirse al “mouse” de la computadora; tampoco se refiere como “equis box” cuando se refiere a la consola de Microsoft X-Box. Mucho menos dice “embrague” en lugar de “clutch” y prefiere decirle “chelas” a las cervezas. Como lo hace todo el mundo.

El idioma crece con nosotros. Pero, sin duda, hay un cotidiano mal uso del español, pero cuya responsabilidad recae en la televisión y en los padres que fomentan entre sus hijos el consumo excesivo de telenovelas.

Quien busque una opinión documentada y sensata sobre cómo hablamos español deberá revisar Defensa apasionada de la lengua española (Taurus, 1997), un texto divertidísimo de Álex Grijelmo, presidente de la agencia EFE, la más importante de noticias en español.

Grijelmo demuestra que el idioma siempre se crea por el pueblo. El pueblo decide cómo ha de hablar, cómo conjugar sus verbos. La Real Academia y los gobiernos, cuando mucho, lo registran y catalogan. La Real Academia no decide la gramática, sino que toma lo que el pueblo ha decidido y lo plasma en el reglamento, como una manera de mantener la unidad.

Los hispanos residentes en Estados Unidos, ejemplifica en el libro, al utilizar expresiones como “te lo mando para atrás” en vez de “te lo devuelvo”, en realidad no están haciendo algo incorrecto, pues ellos han decidido utilizar esa expresión. Lo único que no hacen es hablar español, eso sí.

Sin embargo, Grijelmo dice que en la actualidad los malos usos que vemos en nuestra lengua en los países hispanohablantes, se deben a que la influencia ya no se da de abajo hacia arriba, democráticamente, sino de arriba hacia abajo. En la actualidad, la población es muy susceptible de ser influenciada por la forma de hablar de los políticos, de los locutores y de las grandes corporaciones. La creación y florecimiento del idioma ya no se da desde lo cotidiano, sino desde la cúpula hacia las bases.

Además está el terrible complejo de inferioridad de algunos que creen que diciendo “marketing” su producto se venderá más o tendrá más valores, o quienes creen que porque su negocio dice “Pet Center” olerá menos fuerte la mierda de los perros.

Las palabras, como dice Grijelmo, dicen todo lo que está debajo de ellas, por eso la definición que te da un diccionario sobre alguna palabra, es tan sólo la puerta por la que entras. Luego, son las vivencias personales o colectivas las que completan ese significado.

urielrodriguezm@yahoo.com.mx

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Written by Uriel

03/12/2004 a 1:00 pm

Publicado en Tinta china

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